Ana Istarú en la Universidad de Puerto Rico en Bayamón

 

Pocos minutos bastaron para que Ana Istarú, actriz, dramaturga y poeta costarricense, cautivara y convenciera al público congregado en la Universidad de Puerto Rico en Bayamón, durante el recital y diálogo ofrecido como parte de las actividades de la Semana de la Lengua y en conmemoración del Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor.  


Su poesía muestra un singularmente trabajado erotismo del que la poeta puertorriqueña Etnairis Rivera, a cargo de su presentación, expresó: "
De la poesía de Ana Istarú cuelgan flores incitantes de la selva, juncos de embriagante aroma y se yerguen árboles pujantes de pasión y libertad humana. Su erotismo no es crudo, coloquial ni llevado por los vaivenes de la moda. Su erotismo es profundamente lírico: pezones vertidos desde el sándalo, /amatorios ritos de libélulas, /pene de pana, /puño de azaleas, nardos alados de tu espalda, /tu sexo, tu pan de oro fresco saliendo de mi horno. Fiera también, como lo fue nuestra Ángela María Dávila, más erótica, nos dice en el libro Verbo Madre /yo, la hembra fiera, la traidora, la taimada, la que a la muerte ha echado a perder su cacería /la que fue fecundada con un polen antiguo y está que la revienta la gloria de la estirpe, la que tan sólo espero un signo de los astros para tirarme con un rugido ronco a dar a luz..."

 

Poemas y monólogos de Ana Istarú, según ella misma señalase al responder a preguntas de varios estudiantes, plantean, por medio de su tratamiento del tema erótico, la urgencia de asumir roles femeninos y masculinos que favorezcan su desarrollo en igualdad de condiciones y, así, lograr relaciones de pareja que no menoscaben la integridad de ambos tanto emocional como físicamente.

 

Con igual autenticidad, Ana Istarú, (se) descubre poéticamente (en) un cuerpo de mujer hermoso y sensual al mismo tiempo que rebosante de preñez. Esplendorosas imágenes sobre la maternidad convierten el dolor de parto, el alumbramiento y la lactancia en experiencias gozosas.

La mujer en su obra transgrede estereotipos o valoraciones sociales que sujetan su
comportamiento, para hacerse plenamente feliz conforme a la visión que de ella misma
posee.

 

 

La suavidad del pan que no ha nacido...

La suavidad del pan que no ha nacido
sostiene sus caderas,
un lomo terso de venado,
la curvatura del melón,
altas mejillas donde escribió
su adiós final la espalda.
Cómo no amar a este varón
sentado en sus dos lunas,
volcado como un río sobre el lecho.
Amo su boca tocada por la abeja,
amo sus higos apretados,
amo esta órbita doblemente dulce:
detenidos ocasos sus dos nalgas,
oh gloria de la esfera, las dos copas
en que lo habrán vertido un día.
Su grávida ternura me devuelve
a las cosas más terrenas.
Los ángulos equinos, el traje circular del universo.
Cómo no amar a este varón tocado
con piel de albaricoque en la cadera.

De "La estación de fiebre y otros amaneceres"  1983


Venus encinta

Pleamar
soy, curvatura:
Venus hermosa
saliendo de su baño
con los pechos en punta, negrísimas
sus flores compitiendo
en latitud
con la Pulpa preciosa
de su vientre
redondo como vela,
repleto como el mundo.

De "Verbo madre" 1995

 
Escucha: hay una mano diminuta


Derramas,
final de la delicia,
una inicial translúcida en mi pelvis,
yo no sé qué mensaje,
qué gránulo de sal,
qué código del agua hallada entre tus sienes.
Y mi matriz es dulce
y es un astro expansivo.
Y todo me percibe: tengo un aura convexa.
Hay algo, alguno, alguien, como un rumor que emerge,
y su latido tiene la textura del crótalo,
y viaja, nido ebrio, por mi líquida entraña.
Escucha: hay una mano diminuta: está escribiendo
ese signo inicial de su relato.

De "Verbo madre" 1995

 
lh      

 

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